Tecnología, Destrucción, Dominación y Rebeldía

En una concepción no mecanicista, lo nuevo nace de lo viejo, a    través de la transformación creadora que se verifica entre la tecnología avanzada y las técnicas empíricas de los campesinos

Paulo Freire

En el ámbito rural, se puede decir que una tecnología es de dominio público cuando, para generarla, han participado campesinos y/o campesinas, con sus saberes y creatividad, a partir de sus necesidades y problemas. Por tanto, la disponibilidad de dicha tecnología constituye un acto de disfrute solidario entre quienes han participado en el ejercicio de su recreación o de su invención.

Este camino es contrario a la ley aplastante del libre mercado globalizador que, poco a poco, con su dinámica de arrasamiento le hace la vida imposible a toda comunidad campesina que intente trabajar con sencillez y creatividad colectiva cualquier tecnología o conocimiento básico a su alcance. Esa dinámica corporativa corta la raíz de los caminos de apropiación y divulgación de tecnología en el medio rural, pues el conocimiento y su desarrollo no empezaron con el “método científico” cartesiano. Esta lógica del capitalismo agrario globalizador se convierte en una peligrosa amenaza para la cultura agraria, por las siguientes razones:

Porque se pretende tener control absoluto tanto sobre los medios de producción como sobre la “propiedad intelectual” de la tecnología, así como sobre los canales para su divulgación democrática en pro del beneficio social.

Porque el conocimiento y la tecnología propia que emana de la cultura agraria del campesinado no se puede estandarizar para generar códigos de barras o patentes de manipulación social que engorden el caldo del capital agroindustrial.

Porque en el capitalismo gangsteril actual, bajo sus denominadas “leyes del libre mercado”, la cultura agraria no le sirve al capital agroindustrial para generar dependencia, sed y velocidad de consumismo.

Porque el devenir de la tecnología y el conocimiento generado por la cultura agraria del campesinado niega la lógica de la “asistencia tecnológica especializada o compleja”, por su lógica de lo “simplejo” y del sentido común local.

Porque los recursos para el desarrollo del conocimiento y la tecnología que emanan de la dinámica de la cultura agraria campesina, la mayoría de veces están disponibles al interior de la propia parcela o son locales y localizables, acorde a los ritmos culturales de cada comunidad.

Porque al fomentar posibilidades de intercambio social, como el trueque y la investigación colectiva, el éxito de los resultados y la transmisión de los logros se vuelven humanómadas, es decir, transcienden fronteras sin ningún control económico, de velocidad o de tiempo y espacio para su usufructo social. Está dinámica es, en sí misma, el motor que impulsa y estimula constantemente la generación de nuevos inventos, rediseños y actos creativos; donde la intensidad de la oferta de servicios tecnológicos tiene sus límites de acuerdo al impacto eco social y económico a nivel local.

El conocimiento y la tecnología de la cultura agraria constituyen sistemas abiertos de comunicación y de intercambio, fortaleciendo así las capacidades de la gente para resolver dificultades individuales y colectivas a partir de sus propios recursos, iniciativas y desarrollo local.

Sin duda, la mejor manera de resolver cualquier situación llena de obstáculos, aparentemente sin solución, desde el abordaje individual, se soluciona mediante la cooperación; lo colectivo tiene combustible y fuerza propia para encontrar las salidas rápidas y sensatas a cualquier problemática en el medio rural o urbano.

Este actuar reconstruye el tejido de la memoria histórica y colectiva que se hace indestructible de generación en generación. Mantiene vivas las expectativas que se generan a partir de la posibilidad de soñar y de participar en la construcción de un mundo diferente, con tecnologías para la protección de la sociedad y de la vida, por encima de cualquier interés y manipulación económica.

Aquello que no está controlado o manipulado por motivos insanos, se vuelve revolucionario, contestatario y transformador, siendo este el camino para bloquear toda situación negativa que impida el avance de la libertad social para construir un Estado ideal del Ser.

El milagro de la vida, independiente de cualquier racionalidad, espacio y tiempo, tiene su raíz en la cooperación, la endosimbiosis, la armonía, la donación y en el entendimiento natural de aquello que el otro hace. Hay que asumir la responsabilidad de respetar el papel integrador e interdependiente de todos, para conformar el caldo de la vida. De lo contrario, la ciega razón del egocentrismo sin límites del actual modelo capitalista financiero, industrial y de consumo, en un espacio limitado como es la tierra, nos llevará por el camino de la destrucción. Eso significa cortarle a todas las generaciones venideras lo que podría ser el disfrute infinito de un mundo naturalmente animado, bello y lleno de felicidad.

“No hay actitud o cosa más subversiva que un consumidor que deja de comprar un refresco artificial y una hamburguesa o un suvenir; o una persona sana que no compre un medicamento en una farmacia; o un campesino que no dependa de un cajero para comprar un saco de abono o un insumo para producir sus alimentos con excelente calidad”.

“Si hambre es ley, justicia es rebeldía” (Escrito en las paredes de la calle)

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