La nutrición De Las Plantas y La Salud

“Las enfermedades no nos llegan de la nada, se desarrollan a partir de pequeños pecados diarios contra la naturaleza. Cuando se hayan acumulado suficientes pecados, las enfermedades aparecen de repente”. Hipócrates

Lo esencial de la nutrición natural de las plantas radica en su capacidad para obtener, de forma autónoma, los elementos que requieren y que están en el suelo y en la atmosfera, a partir de relaciones simbióticas con su entorno, de acuerdo a cada fase de su desarrollo vegetativo: germinación, crecimiento y reproducción. De este modo, se produce un constante intercambio de energía y de materia con los microrganismos, que garantiza la sostenibilidad de la fotosíntesis. 

Distintos somos los seres humanos, incapaces de obtener de esas mismas fuentes, de forma similar a las plantas, aquellas sustancias nutricionales que requerimos. Estamos obligados a consumir animales y plantas para formar y mantener nuestro organismo, por lo que su calidad depende de la calidad de los vegetales y animales que consumimos.

La selectividad nutritiva de las plantas nos muestra la complejidad de sus sistemas de absorción, que les permite obtener con precisión ciertos elementos, de forma aislada o según la mezcla requerida de los mismos, para sus distintas fases de desarrollo y metabolismo.

Esto nos lleva a insistir, como tantas veces, que quienes orientan cultivos agroindustriales olvidan que las plantas se alimentan cuantitativamente del agua y de la atmosfera y, cualitativamente, del suelo, en un continuum en que unos pocos elementos atmosféricos constituyen la mayor parte de la materia seca de los vegetales y numerosos elementos del suelo forman una pequeña parte de los mismos.

La agroindustria va en contravía de la fisiología y de la salud de las plantas. Sus abonos industriales, altamente solubles y los venenos, en vano intentan nutrir cuantitativamente los cultivos a través del suelo y protegerlas de insectos y enfermedades. Desconoce o ignora que los elementos que provienen del agua y de la atmosfera pueden representar del 92% al 98% del peso de las plantas, siendo estos el carbono, el oxígeno, el hidrogeno y el nitrógeno, los cuales son vitales y constitutivos. Se desconoce que los elementos que provienen del suelo constituyen del 2% al 8% del peso seco de las plantas, mediante la combinación de más de 34 elementos.

Por ejemplo, una leguminosa puede estar constituida mínimo por 80% de agua (La toman, gratis, de las lluvias y del medio donde están cultivadas); el otro 20% es materia seca y la pueden constituir un mínimo de 38 elementos. Esta fracción, entre 18% y 19% la pueden constituir solo 4 elementos que toman del aire y del agua (Carbono 9%, Hidrogeno 1,3%, Oxigeno 8,4% y Nitrógeno 0,3%). Entre 0,8% y 1,6% lo conforman 8 elementos (Potasio, Calcio, Magnesio, Sodio, Azufre, Cloro, Fosforo y Silicio). Entre el 0,2% y el 0,4% combina 20 elementos cuyo papel es bien conocido (Litio, Vanadio, Cobre, Molibdeno, Plata, Cromo, Zinc, Selenio, Estroncio, Yodo, Cadmio, Manganeso, Boro, Flúor, Aluminio, Hierro, Titanio, Cobalto, Plomo y Níquel). Finalmente, 6 elementos a los que se considera trazas y sobre cuyo papel aún se desconoce mucho (Rubidio, Cesio, Bario, Estaño, Berilio y Bromo).

Así, mientras la agroindustria siga ignorando que la vida de las plantas está directamente asociada a la sincronización de una gran espiral y a la reciprocidad entre los elementos que tienen origen en la atmosfera y los que lo tienen en el suelo, nunca podrán entender lo que es realmente una nutrición saludable de las plantas cultivadas. Mucho menos, podrán entender que el humus es un estado orgánico dinámico, intermedio entre el mundo de los minerales y el mundo de la animación, y que la salud no consiste en “curar” enfermedades.

Es un hecho que la fórmula esencial para una dieta saludable radica en la presencia de muchos trazos elementares en los alimentos que consumimos. Esos trazos, solamente son capaces de entregarlos los alimentos producidos en un suelo sano, sin el uso de venenos y fertilizantes químicos altamente solubles.

Para concluir, es claro que, entre más bioactivados se encuentren esos elementos, menos cantidades deben ser consumidas. La regla es igual, tanto para producir alimentos como para gozar de una nutrición sana. Para esto, los elementos trazos deben ser de origen natural, estar presentes en cantidades mínimas de forma constante y en una gran diversidad disponible. La esencia de los elementos trazos, tanto para la agricultura como para los humanos, radica en la presencia sincronizada y cualitativa de los mismos y no en la cantidad. Es este el origen de la calidad de nuestro organismo.

“La agricultura industrial es un sistema predeterminado, de modo que su accionar está programado; un productor de esta agroindustria, en su campo no define nada; se limita a adquirir y operar tecnología, sentado, frente a una máquina. Su participación se reduce a apretar botones, pagar cuentas y tener pesadillas”.  

Jairo Restrepo Rivera, Pachita, Cali, Colombia.

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